Aporte de Andrés Barreto sobre la Protesta Social en Colombia - Columna de Opinión
Opinión Revista Semana por Ariel Avila
La protesta social en Colombia
Hace unas cuantas columnas escribí
sobre cómo los riesgos de las democracias actuales no están dados por la
presencia de dictadores militares o dictaduras de partido único, de hecho,
estos modelos de amenaza democrática están descendiendo a nivel mundial. En
cambio, el gran problema lo tenemos con los denominados
demócratas-autoritarios, aquellos que se hacen elegir con normas democráticas y
luego comienzan a destruir la democracia de adentro hacia afuera.
Una destrucción que es lenta
y casi imperceptible. Generalmente, estos modelos de gobierno se basan en
cuatro cosas. Por un lado, una guerra abierta contra los medios de
comunicación. Los satanizan, los intentan cooptar y establecen una guerra
jurídica contra los periodistas. En segundo lugar, intentan modificar las ramas
del poder público. El objetivo es lograr cooptarlos una vez reformados, por
ello les gusta hacer grandes reformas a la justicia, proponen acabar las
diferentes cortes y crear una sola, pasan de un sistema bicameral a uno
unicameral, utilizan generalmente el discurso del ahorro de presupuesto público
para generar estos cambios. Casi siempre, esto se logra con asambleas
constituyentes, que a su vez sirven para que la “nueva” arquitectura
institucional sea elegida bajo el gobierno del demócrata-autoritario. En tercer
lugar, intentan destruir los pilares democráticos a partir del miedo, en este
último caso el objetivo es destruir la oposición. La sociedad se divide entre
buenos y malos; pueblo y burguesía; ciudadanos de bien y terroristas; o blancos
y migrantes. Al final se trata de dividir y causar pánico con lo que es
diferente.
Obviamente, cuando se divide
la sociedad en dos, a partir de excluir a los que piensan diferente, a los que
aspiran a una sociedad diferente o, a los que tienen un color de piel
diferente, se les intenta quitar su dignidad humana, para con ello, limitar sus
derechos sociales, políticos o los fundamentales de cualquier ser humano. Por
tal razón, es común ver que a familias con niños de brazos que intentan
atravesar una frontera se les manden soldados a reprimirlos, a los jóvenes que
protestan pacíficamente se les manden civiles armados para que los repriman. O
en el caso colombiano se sataniza la protesta social acusándola de estar
infiltrada por terroristas o de ser enemiga de los colombianos que no
protestan.
Lo que ha pasado en los
últimos meses en Colombia es preocupante, a la minga indígena se le acusó de
estar infiltrada por terroristas. A los estudiantes se les acusó de estar
infiltrados por agentes violentos, y ahora, con el paro de hoy, 25 de abril, se
intenta decir que “no hay razón para marchar”, “todo es una estrategia para
debilitar a Duque”, “esa gente que marcha y no deja trabajar, solo sirve para
hacer trancones”. Al final se trata de limitar el ejercicio democrático.
La protesta social, las
personas marchando en la calle, son tal vez, uno de los signos que mejor
muestra la salud de una democracia. Es un derecho en cualquier democracia, y
como derecho se puede ejercer cuando una persona o colectivo lo decida, eso no
los hace ni buenos, ni malos, los hace ciudadanos. La protesta social es legal
y legitima la democracia, es en modelos autoritarios donde no se puede
protestar.
El problema de estos regímenes
demócrata-autoritarios es que utilizan un discurso del miedo eficiente y, por
ende, la destrucción lenta de la democracia no se ve o no se percibe. Esos
analistas, opinadores y políticos que dicen ser demócratas y lo primero que
hacen es atacar el ejercicio democrático son los más peligrosos. Tal vez sean
idiotas útiles y no se den cuenta del efecto de su discurso sobre una
democracia. Sin embargo, esto último es poco normal, generalmente estos agentes
son conscientes de su discurso.
Una última característica de
estos regímenes es que son buenos para perpetuarse en el poder, aunque esta
condición no es un inamovible, también están los gobiernos en cuerpo ajeno.
Pero para estos demócratas-autoritarios solo les digo que así son las
democracias, con protesta social, y al que no le guste se puede ir a vivir a
aun país autoritario, de hecho, hay unos cuantos bastante cerca.






No hay comentarios:
Publicar un comentario